YO

    Enrique Andrés 

    nació en Madrid en 1956, donde cursó estudios de Historia del Arte. Ha vivido y trabajado en Madrid, París, Nueva York y Los Angeles. En la actualidad reside en Madrid. Ha realizado exposiciones en España (Moriarty, Madrid, Volter, Orense), París y Los Angeles.

    Galería

    babel 960

    MODOS DE VER

    LA PÁGINA DE PERIÓDICO

    El contenido y el aspecto de las páginas de cualquier periódico son el resultado de un sistema muy complejo de consideraciones económicas, ideológicas y estéticas. La información se vierte en la página a través de una trama cuyos modos de operación (los titulares, la maqueta, las ilustraciones,) la someten a un tratamiento de estilo visual y narrativo y la colocan en un vecindario de elementos extravagantes, la publicidad el más aparatoso de ellos, con los que está obligada a dialogar. La página del periódico puede percibirse, de esta manera, como cadáver exquisito, con su letanía de discursos fragmentados, narraciones amputadas y estilos antagónicos que se han reconstituido en forma de collage. O se puede percibir como una ópera que, habiendo sido aplanada y convertida en espectáculo rectangular, conserva la fuerza terrible de sus historias inconclusas. Porque la noticia y su puesta en escena son necesariamente negocios pendientes o perpetuamente diferidos. En la página del periódico se esboza un proceso de producción de sentido que va a contramano de su valor utilitario. Que aplica una lente a un gesto fortuito y amplifica un murmullo efímero al que da forma hasta hacerle contar una historia. Aísla un detalle silenciando su entorno, como quien se asusta de su propia voz cuando todos a su alrededor se han callado repentinamente. Y nos obliga a inventar un final o una moraleja.

    EL MURO

    La superficie de un muro abandonado a su suerte es también un registro. En este caso se trata de una secuencia que asume las transformaciones ocasionadas sobre la superficie de las cosas por una sucesión interminable de actos aleatorios: la corrupción física por exposición a la intemperie, los accidentes y las intervenciones más o menos intencionales de la gente y, a veces, de los animales. Y en un momento dado, sin que medie una voluntad individual, un poema automático aparece escrito en el muro, en una operación que pudiera hacer pensar en la chispa que desencadena una reacción en el océano químico primordial. La historia del muro se ha cruzado fortuitamente con la trayectoria imaginada de la historia del arte. Las imágenes que en él se despliegan adquieren precaria o condicionalmente un inesperado valor de superficie o se ponen a dictar una narración. En esto consiste el juego irónico de Siskind: encontrar un nexo razonable entre el estado fortuito de las cosas y la elevada gramática de la intención artística.

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